4 rediseños de logo que no salieron como se esperaba (y lo que podemos aprender de ellos)
Rediseñar un logotipo es mucho más que una cuestión estética, es intervenir directamente en la forma en la que las personas reconocen, recuerdan y se vinculan con una marca. Y es que el logotipo no es solo un elemento gráfico: es parte de la identidad mental que construimos como consumidores.
Por eso, cuando se rediseña, no solo cambia una forma o un color, sino que se reconfigura la percepción. Y si el cambio no se comunica bien o rompe con lo que el usuario ya tenía anclado, puede generar una desconexión emocional hacia la marca.
En este post vamos a analizar varios casos reales en los que el rediseño de logo no tuvo el impacto deseado y lo haremos desde la mirada del Behavioral Design. De manera que veremos qué factores influyeron en la percepción del usuario y, sobre todo, qué podemos aprender de estos ejemplos si estamos considerando una transformación similar en nuestra propia marca.
¿Por qué un logo puede influir tanto en el comportamiento del consumidor?
Desde la perspectiva del Behavioral Design, un logotipo no es simplemente una imagen o un recurso visual: es un atajo mental. Basta con un color, una forma o una tipografía concreta para activar asociaciones emocionales y racionales que el usuario ya tiene interiorizadas sobre una marca.
Por eso su impacto va mucho más allá de lo visual. Un buen logo puede generar confianza, activar recuerdos o simplemente hacernos sentir que estamos ante algo familiar. Y, en un entorno saturado de estímulos, esa sensación de reconocimiento se convierte en una ventaja competitiva.
De esta forma, cuando una marca decide rediseñar su logo, está interviniendo directamente en ese mapa mental que el usuario ha construido con el tiempo y si ese cambio no se hace con cuidado, pueden aparecer los siguientes problemas:
- Pérdida de reconocimiento inmediato.
- Sensación de ruptura o desconexión.
- Confusión en torno a la identidad de marca.
- Desvinculación emocional por parte del usuario.
De ahí que el rediseño no sea solo cuestión de estética, sino que tenga que ver más con una decisión conductual que, si no se ejecuta con la suficiente sensibilidad, pueda generar problemas a la marca.
Cuatro casos reales de rebranding que nos dejan grandes aprendizajes
A veces, rediseñar la imagen visual de una marca puede generarle serios problemas a la misma. Vamos a ver cuatro ejemplos reales a continuación.
Tropicana: cuando lo familiar desaparece
En el año 2009, la conocida marca de zumos Tropicana lanzó un rediseño que eliminaba por completo uno de sus elementos más icónicos: la imagen de la pajita clavada en una naranja. El nuevo diseño era más limpio, moderno y minimalista, pero también era totalmente irreconocible para sus consumidores.
Esto hizo que, en solo dos meses, las ventas cayeran en un 20%. Lo que provocó que la marca perdiera más de 30 millones de dólares y tuviese que volver a su branding original.

Pero, ¿por qué ocurrió esto? Si lo analizamos desde la perspectiva del Behavioral Design, podemos ver que:
- Se rompió el efecto de familiaridad. El consumidor no reconocía el producto cuando estaba en el supermercado.
- Se eliminó el disparador visual clave que activaba el recuerdo automático de la marca.
- No se preparó al consumidor para el cambio, lo que generó disonancia cognitiva.
GAP: el rediseño express que duró una semana
GAP también decidió cambiar su branding en el año 2010. Concretamente, quiso sustituir su clásico logotipo con tipografía serif por una versión mucho más neutra, con una fuente Helvetica y un pequeño cuadrado azul.
Este rediseño apareció sin previo aviso, sin contexto y sin narrativa que ayudase al usuario a entender el cambio. Lo que hizo que el resultado fuese una oleada de críticas en redes sociales y medios que hicieron que la marca tuviese que recuperar su identidad anterior en menos de 7 días.

Desde el punto de vista del Behavioral Design, este rediseño falló por varios motivos:
- Se rompió el principio de coherencia, ya que el logo original formaba parte del imaginario colectivo y tenía una fuerte carga cultural, especialmente en EE.UU.
- No se ofreció ningún marco explicativo que ayudara al consumidor a reinterpretar el cambio.
- El nuevo diseño no tenía peso emocional ni elementos que activasen el reconocimiento automático de marca.
Jaguar: un rebranding que generó debate
Uno de los casos más recientes (y conocidos) tiene que ver con la marca de coches de lujo Jaguar y el cambio de branding que efectuó para marcar su nueva etapa como fabricante de vehículos eléctricos. Aunque la intención era clara —actualizar su identidad para alinearse con un futuro más sostenible—, la ejecución generó bastante controversia.
El nuevo logotipo, mucho más minimalista y en color rosa, rompía con la estética tradicional de la marca y eliminaba por completo al icónico felino. Un símbolo que, durante años, había representado su herencia, su potencia y su carácter.

Analizándolo desde la perspectiva del Behavioral Design, podemos ver que esto:
- Rompió el anclaje emocional. El felino era más que un logotipo, era un símbolo de estatus, elegancia y potencia, por lo que al eliminarlo se generó una desconexión.
- Alteró el código visual sin avisar. El color rosa supuso un cambio tan inesperado que descolocó a su público.
- Careció de un marco narrativo fuerte. No se ofreció una historia que explicase por qué ese cambio tenía sentido dentro de la evolución de la marca.
Yahoo!: cuando la expectativa supera al resultado
Pocas veces se ha generado tanta expectativa alrededor de un rediseño como lo hizo Yahoo! con su famosa cuenta atrás. Durante 30 días, la marca fue mostrando un logo distinto cada día, preparando al público para una gran revelación final.
¿El problema? Que la versión definitiva no estuvo a la altura, ya que lejos de transmitir renovación o energía, el logo fue percibido como plano, carente de personalidad y demasiado alejado del carácter que muchos usuarios asociaban a Yahoo!.

Esto sucedió por varias cuestiones:
- Se generó una expectativa emocional muy elevada, sin entregar un resultado que realmente la justificara.
- No se ofreció una conexión clara entre el nuevo diseño y la visión estratégica de la marca. El cambio parecía estético, pero no venía acompañado de un relato que ayudara al usuario a entenderlo o adoptarlo.
- El usuario no encontró sentido ni sorpresa positiva tras los 30 días de espera. Y cuando el esfuerzo anticipatorio no se ve recompensado, la decepción es mayor.
Cómo rediseñar desde el Behavioral Design (sin perder a tu audiencia)
Ahora que hemos repasado algunos ejemplos de rediseños fallidos, seguro que te ha quedado claro que cambiar un logotipo no es una tarea menor y que es necesario tener mucho cuidado a la hora de hacerlo.
Pero eso no significa que no se pueda hacer bien. De hecho, desde el Behavioral Design, existen ciertas pautas que pueden ayudarnos a plantear un rediseño de forma estratégica, minimizando el rechazo y reforzando la conexión con tus usuarios. Vamos a ver las más importantes a continuación.

Explica antes de mostrar
Muchas marcas caen en el error de lanzar un nuevo logo de la noche a la mañana. Pero cuando haces eso, obligas al usuario a aceptar un cambio que no entiende y, si hay algo que al cerebro le cuesta, es adaptarse a lo inesperado.
Por eso, en lugar de presentar el nuevo diseño como una sorpresa, preséntalo como parte de una evolución. Cuéntales a tus usuarios qué está cambiando en la marca, por qué ese cambio tiene sentido y qué representa el nuevo símbolo. No tiene por qué ser un discurso demasiado largo, pero sí lo suficientemente claro como para que no se sienta como una ruptura.
Conserva elementos que actúen como puentes
Cambiar todos los elementos visuales de una marca de golpe es como reformar tu casa entera y mover todas las habitaciones de sitio. Puede que el resultado sea más moderno, pero si al despertarte no sabes dónde está la cocina, te sentirás desorientado.
Por eso, mantener ciertos elementos reconocibles —como los colores principales, una forma característica o una proporción similar— ayuda a que el usuario no pierda el norte. Son señales visuales que actúan como puentes entre la marca que era y la que quiere ser, permitiendo que el cambio se sienta más natural.
No lo trates como un simple cambio de imagen
El logotipo no es solo “lo que se ve” de una marca, es lo que esta representa. Por eso, si solo te enfocas en que el resultado se vea moderno o minimalista, y no piensas en cómo encaja con la historia, los valores o la propuesta de tu marca, te quedará un diseño bonito… pero vacío.
Recuerda que, cualquier cambio que hagas a nivel estético, tiene que tener una lógica que conecte con el pasado y que señale hacia el futuro. Piensa más en continuidad que en ruptura.
Repite, repite y repite
Para que un rediseño funcione, no basta con presentarlo una vez y esperar que el público lo adopte sin más. El cerebro necesita repetición (recuerda el efecto de mera exposición) para integrar nuevos estímulos, especialmente cuando sustituyen a otros que ya estaban bien arraigados.
Eso sí: no se trata de repetir por repetir, sino de hacerlo con coherencia. El nuevo diseño debe aparecer en distintos puntos de contacto —campañas, productos, redes, web— y siempre de forma consistente. Solo así se convierte en un nuevo anclaje mental, en un símbolo reconocible y, con el tiempo, familiar.
Valida emociones, no solo diseño
Un buen rediseño no se mide únicamente por lo estético, sino por cómo lo recibe la audiencia. ¿Les genera confianza? ¿Les resulta frío? ¿Les dice algo o les deja indiferentes?
La única forma de saberlo es observar cómo se comportan frente a él en contextos reales. No basta con presentarlo en una diapositiva o probarlo en un entorno controlado. Hay que verlo en acción.
Escucha las reacciones, fíjate en los matices, presta atención a lo que no dicen explícitamente pero se nota. Porque si el nuevo logo no conecta, no emociona o no representa lo que la marca quiere ser… entonces, simplemente, no funciona.
En conclusión
Un rediseño puede ayudarte a evolucionar, reposicionarte y conectar con nuevas audiencias, pero también puede romper los puentes con quienes ya confiaban en ti. Por eso, la clave está en como lo haces.
Esperamos que este post te haya ayudado a entender la importancia que tiene abordar este tipo de cambios desde la perspectiva del Behavioral Design y a ver todos los elementos que debes tener en cuenta antes de abordar el tuyo.
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